A sólo minutos de la ciudad de San Martín de los Andes, se encuentra una pequeña aldea bautizada como Villa Lago Meliquina, un paraíso escondido que posee los encantos suficientes y los servicios necesarios para adoptarla como destino a la hora de salir de vacaciones por la Patagonia argentina.

    Lo que comenzó siendo el sueño de muchos, vivir frente a un lago transparente con pocos vecinos, se hizo realidad. Y aunque hoy los habitantes estables son muchos más que en sus comienzos, la paz reinante en el lugar sigue siendo garantía de descanso cualquiera fuese la época del año elegida.

    Meliquina cuenta con el alojamiento que busca quién pretende olvidarse de todo y relajarse. Distintas cabañas y casas de alquiler ofrecen sus servicios a quién la visita, mientras que un pequeño centro comercial tiene lo necesario para que el turista pueda prolongar su estadía en la pequeña población.

    El Lago Meliquina, al igual que los ríos y arroyos cercanos, se vuelve ideal para pescar con mosca, lográndose truchas de importantes tamaños, predominando las variedades arcoiris y marrón, aunque también se logran buenas piezas de fontinalis o trucha de arroyo.

    Rodeada por un ambiente orográfico imponente que logra conservar incluso en primavera los vestigios de las nevadas invernales, Villa Meliquina es excelente para la práctica de distintas actividades de aventura entre las que sobresalen las caminatas, las cabalgatas y los avistajes de aves y de la flora y demás fauna que caracteriza a esta región lacustre.

    Para visitar Villa Meliquina desde San Martín de los Andes, a solo 36 kilómetros de distancia, basta con tomar la ruta de Los Siete Lagos hasta llegar al control de gendarmería frente al río Hermoso y, una vez ahí, girar por la ruta provincial número 63.

    Villa Meliquina se encuentra sobre la cabecera este del lago homónimo, en un pequeño valle y rodeado de montañas. Los primeros pobladores se establecieron en los años ochenta, luego de que los propietarios de esas tierras, la familia Steverlynck, decidieran lotear una parte de su estancia.

    Mucha agua ha pasado desde entonces bajo el puente que cruza el río Meliquina y que da acceso a la villa: las pintorescas casas fueron pincelando el paisaje para convertir hoy a la localidad en uno de los lugares más bellos y de mayores proyecciones turísticas en la Patagonia.

    De clara filosofía conservacionista, la mayoría de las casas del pueblo utilizan generadores de energía eólica y el concepto de “basura cero” ya es una realidad. Los servicios de la villa tampoco se quedan atrás: existen variadas posibilidades de alojamiento, desde hotelería de 4 estrellas, pasando por establecimientos tipo lodge, hasta complejos de cabañas. Por otro lado, los restaurantes del lugar son conocidos por sus abundantes platos regionales y por la calidad de sus parrilleros.