Iruya es un pueblo de la provincia de Salta (Argentina). Está ubicado a 2780 msnm, sobre los faldeos orientales de la sierra de Santa Victoria, a 307 km de la capital salteña. Está dentro del perímetro de la reserva de biosfera de las Yungas.

    Iruya es un pueblo mágico y atrapante que parece estar detenido en el tiempo.

    Aunque Iruya forma parte de la provincia de Salta, no hay ningún acceso directo y permanente desde Salta. La única forma de acceder al pueblo es desde la provincia de Jujuy.  Recorriendo la RN 9. A 26 km al norte de Humahuaca se encuentra el empalme con la Ruta Provincial N° 13, donde se lee «Iruya 54 km». Siguiendo el camino indicado, tras 8 km del cruce mencionado se llega a la estación Iturbe (FCGB). Desde allí, siempre por camino de tierra, se llega al paraje denominado «Abra del Cóndor», límite entre las provincias de Jujuy y Salta, a 4000 msnm.

    Iruya

    Iruya

    En este punto se inicia un descenso de 1220 metros en 19 km (distancia del Abra del Cóndor a Iruya). A lo largo de estos 19 km, el visitante contempla variedad de colores, que van del verde agreste al morado o violeta, pasando por el amarillo y el azul metálico. La montaña, en conjunto con las quebradas, ofrece a la vista caprichosas y curiosas formas que se desdibujan en el lecho del río Colanzulí, a cuya vera corre el camino.

    Al llegar a Iruya, la primera impresión es de un pueblo «colgado en la montaña», o más bien de una isla, ya que está rodeado por los ríos Milmahuasi y Colanzulí -o Iruya-.

    Se destaca su edificación colonial con callejuelas estrechas y sus paisajes de imponentes vistas panorámicas. En sus proximidades, 5 km al noreste, se encuentran las ruinas del Pucara de Titiconte.

    Aquí, los habitantes, vestimentas, costumbres y viviendas han mantenido su tradición a lo largo de 250 años. El poblado conserva sus calles angostas y empedradas, con casa de adobes, piedras y paja.

    Siguiendo el lecho de los ríos que surcan el interior, se aprecian quebradas de diferentes formas y colores. La piedra laja en algunos tramos ha formado paredes de contención del río.

    Iruya

    Iruya

    Sus callecitas y un melancólico estilo colonial se entremezclan con paisajes imponentes, únicos en el país y el mundo. Enclavado en la montaña, parece descender de ella, con sus mágicas casitas hechas de adobe, piedra y paja.

    Las veredas horizontales no existen en Iruya. Cuando uno camina por sus calles angostas y empedradas, tiene la certera sensación de estar ascendiendo o descendiendo de la montaña, dada la inclinación del terreno. Se trata de un lugar mágico, tan perdido en medio de la naturaleza como imponente.

    En los alrededores se erigen numerosos parajes de igual belleza: San Isidro, San Juan, Chiyayoc, Rodeo Colorado, entre otros. También se encuentran las ruinas del pucará de Titiconte. Solo es posible llegar a estos lugares a lomo de mula.

    En las localidades de Río Grande, Campo Carreras y Pueblo Viejo se pueden adquirir ponchos, medias, gorros, tapices y mantas artesanales confeccionadas con lana de llama y oveja.

    La gastronomía conserva las tradiciones salteñas: empanadas, locro, tamales, pero se agregan otras particularidades, como la quinoa, las distintas variedades de papa andina y los asados de llama, cordero y cerdo.
    En San Isidro, además, se pueden degustar licores artesanales en base de menta, anís muña-muña, cedrón y chicha de maíz.

    En los alrededores se puede practicar senderimo y visitar caseríos contiguos a caballo o en vehículos 4×4.
    Hay algunos circuitos que se pueden realizar durante todo el año en un vehículo todo terreno. Entre ellos se destacan el circuito Caminos del Inca, que permite llegar por la ruta 133 al poblado de Colanzulí, al pie del cerro Morado. En la cumbre, a más de 5.000 msnm, se pueden observar dos lagunas donde se estacionan en verano garzas blancas.