La cascada Ñivinco es un increíble salto de agua que se refugia en un bosque y para visitarlo es necesario internarse entre las especies autóctonas antes de sentir su presencia. Para muchos, uno de los lugares más increíbles del Parque Nacional Nahuel Huapi.

    El río Ñivinco, genera una sucesión de 5 cascadas, una más maravillosa que la otra, en un entorno típico del bosque patagónico de bosque, aguas transparentes y piedra, todo dentro del maravilloso Parque Nacional Nahuel Huapi.

    Se llega desde San Martín de los Andes por la magica ruta de los 7 lagos en aproximadamente una hora y media. Este camino es único e irrepetible. Hay lugares de una belleza inigualable como el Lago Machonico, Falkner, Villarino, Escondido, cascada de Vulignanco, arroyo partido y mucho más. Atravesando maravillosos bosques de Roble, Ñire, Lengas y cohihues.

    Cascada Ñivinco

    Cascada Ñivinco

    La Cascada Ñivinco está formada por unos cinco saltos, en el río homónimo, que se encontraba en la seccional Villarino del Parque Nacional Nahuel Huapi.

    Alcanzar la cascada, requiere de un trekking por entre medio de un bosque de ñires que parece salido de un cuento de hadas, debiendo antes, vadear un río en el que el agua nos llegará a la rodilla, dependiendo la época del año en el que lo visitemos.

    Los saltos tienen entre 10 y 30 metros de caída libre, abajo de cada uno se forma un piletón de aguas increíblemente transparentes, a través de las cuales podremos ver el fondo rocoso y en los remansos de río abajo, una importante población de truchas que podremos ver a simple vista. En un marco impresionante, de espeso bosque con árboles de altura, selva, helechos y montañas que superan los 1800 msnm.

    Antes de iniciar la travesía es recomendable detenerse un momento en la seccional de guardaparques Villarino, donde se ofrece información y se registran las salidas de excursión. La casa del guardaparque se encuentra sobre la ruta unos cinco kilómetros al norte de la entrada al sendero, en cercanías del puente sobre el río Pichi Traful. Luego, la cartelería indica al costado del Camino de los Siete Lagos un desvío hacia la cascada. A 20 metros se encuentra el estacionamiento vehicular. Después hay un sendero de 70 metros hasta una tranquera que da inicio a esta apacible caminata de 45 minutos, que ofrece como recompensa entre sus grandes atractivos un pozón de aguas cristalinas de poca profundidad donde es posible refrescarse y jugar.

    Cascada Ñivinco

    Cascada Ñivinco

    El sendero tiene una extensión de 4 km aproximadamente. La aventura empieza tras pasar la tranquera. Enseguida nomás hay que vadear un arroyo que, si bien es angosto y fácil de cruzar, obligará a meter los pies en sus frías aguas. El sendero lo remontará luego aguas arriba hasta llegar a los saltos, manteniendo el río siempre a un costado. Progresivamente, árboles de tipo ñire y cañas colihue parecen cerrarse sobre el camino, aunque a fuerza de machete se han mantenido a raya a las fuerzas de la naturaleza.

    Pronto, entre el silencio y el piar de los pájaros se empieza a distinguir el sonido del agua. El chasquido del lecho rocoso del río es apenas perceptible al principio y va cobrando intensidad como en una trama cinematográfica que a cada caminante reserva su rol protagónico. Al llegar se extiende una pequeña playa de piedras de colores varios y, enfrente, el primero de los quiebres abruptos del terreno, que deja caer una cortina de agua de 10 metros de altura y 40 de ancho, aproximadamente.

    Cascada Ñivinco

    Cascada Ñivinco

    El lugar es un sueño. La playa tiene unos 70 metros de ancho y unos 200 de largo. Pega el sol hasta última hora de la tarde y en los días de calor suele haber entre 15 y 25 personas disfrutando del lugar. Es muy tranquilo. El agua cae en una especie de olla no muy profunda donde toda la familia puede tomar un baño. Entre los más intrépidos están quienes se trepan a las piedras y saltan al agua desde allí. Es importante evitar tirarse de cabeza para prevenir accidentes.

    Con perspectiva, el reflejo del verde intenso de la vegetación circundante sobre las aguas cristalinas da al pozón un color esmeralda muy particular, encantador. Por si esto fuera poco, también se puede observar a simple vista a las truchas nadar.

    Además, por uno de los costados de la cascada se accede hasta un bellísimo mirador. Más, allá el sendero se extiende hacia los saltos de agua restantes. Luego de los 45 minutos de caminata inicial, sobreviene un tramo bastante más largo y con pendiente más pronunciada –es decir de mayor dificultad– que conduce a las demás cascadas del río Ñivinco. Es frecuente cruzar a otros caminantes durante el primer trayecto. También se ven muchas especies de aves y lagartijas.